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Mario Rosemblatt, director ejecutivo de la Fundación Ciencia & Vida: “Siempre estoy reflexionando sobre el valor de la vida”

A fines de los años 90, el bioquímico Pablo Valenzuela, la bióloga Bernardita Méndez y el inmunólogo Mario Rosemblatt crearon la Fundación Ciencia & Vida, para promover la ciencia y tecnología en el sector productivo. Rosemblatt, director ejecutivo de la organización y también integrante del Comité Asesor de Vacunas del Ministerio de Ciencias, cuenta que nunca en su vida quiso ser otra cosa que científico. Su trabajo es una de sus grandes pasiones y a sus más de 80 años dice estar satisfecho con lo que ha logrado y con cómo ha vivido. También reflexiona sobre lo que realmente le hace feliz.

Por Airam Fernández

Hay muchas cosas de la vida que disfruto y que me hacen feliz, pero la pandemia me hizo ver cuáles son las realmente importantes, al menos para mí: tiempo de calidad con la familia, suficiente tiempo para trabajar, descubrir cosas y hacer lo que más me gusta, y también espacio para salir a caminar y para pintar, que es uno de mis hobbies.

Apenas se liberó la posibilidad de volver a salir, después de muchos meses viviendo en el encierro, y dadas las condiciones del tipo de trabajo que yo hago en la Fundación Ciencia & Vida, pude volver a mi oficina. Hacemos investigación científica en el área de biomedicina y biotecnología, y poder volver a mi espacio de trabajo es algo que aprecié mucho. También tenemos gente trabajando en virología, y si no están en el laboratorio con las pipetas en la mano, la verdad es que se avanza poco.

Afortunadamente, ya estamos volviendo a la normalidad. Al menos en mi casa, de a poco estamos retomando los almuerzos familiares de los domingos. Volvemos a ver a los hijos y a los nietos y eso me tiene muy feliz, porque en mi familia todos estamos vacunados, algunos hasta con tres dosis, entonces nos sentimos un poco más seguros de volver a encontrarnos en torno a la buena mesa.

“Afortunadamente, ya estamos volviendo a la normalidad. Al menos en mi casa, de a poco estamos retomando los almuerzos familiares de los domingos. Volvemos a ver a los hijos y a los nietos y eso me tiene muy feliz”.

También soy optimista al ver cómo avanza la vacunación y los buenos resultados que estamos obteniendo. Pero al mismo tiempo, la situación que vivimos hoy me hace pensar que las lecciones no están del todo aprendidas, especialmente para una parte de la población. Digo esto porque siempre estoy reflexionando sobre el valor de la vida, especialmente de la mía. Y con la pandemia esas reflexiones se volvieron más recurrentes, por una parte, debido a los días tan duros que vivimos como humanidad, y por otra, al ver cómo ante todo lo que nos pasó, hay gente que no termina de creer en la pandemia y no se quiere vacunar.

Para mí, eso es muy difícil de entender: cuando tú tienes un problema de esta naturaleza, que afecta y pone en peligro tu propia vida, no pensar en vacunarse es una falta seria de la personalidad, por decir lo menos. Por suerte no son la mayoría de las personas, y si hablamos de lo positivo que ha salido de todo esto, creo que una de las cosas principales es la reivindicación de la importancia de la ciencia y de la medicina, lo que personalmente me emociona muchísimo. 

“Me gusta mucho caminar, y lo hago a diario, al menos durante 45 minutos: es la única manera que tengo de despejar la cabeza, pensar con claridad, ordenar mis ideas y alimentar la creatividad”.

Ya pasé los 80 años, y si me preguntas si estoy conforme con cómo he vivido hasta hoy, te digo que nunca se me ocurrió pensar qué habría pasado si me hubiese dedicado a otra cosa. Nunca pensé en ser algo más que científico y me siento plenamente realizado con el trabajo que he hecho hasta hoy. Sigo trabajando activamente, todos los días vengo a mi oficina y creo que mucha de la vitalidad que hoy tengo es gracias al contacto diario con los jóvenes científicos que trabajan en la Fundación. Por lo demás, me gusta mucho caminar, y lo hago a diario, al menos durante 45 minutos: es la única manera que tengo de despejar la cabeza, pensar con claridad, ordenar mis ideas y alimentar la creatividad.

En esas caminatas últimamente he pensado mucho en lo próximo que me gustaría hacer. Disfruto pintar, algo para lo que no he tenido tiempo, o no como me gustaría, en estos últimos dos años. Espero que la nueva normalidad a la que estamos entrando me lo permita. Pero también, resolver problemas es parte de lo que hago, y uno muy grande que tenemos ahora es el calentamiento global. Siempre me ha preocupado ese tema, pero las recientes discusiones en la COP26 me hacen pensar en ello constantemente. Entonces espero poder involucrarme un poco más en esa área, porque me preocupa mucho el futuro en este planeta que le estamos dejando a nuestros hijos y nietos.

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