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Carmen García, directora ejecutiva de Fundación Plagio: Las pequeñas cosas

Abrir nuevos espacios de expresión creativa es parte del trabajo de Carmen García al frente de la Fundación Plagio, organización que en 2001 realizó por primera vez el concurso “Santiago en 100 Palabras”, para invitar a los ciudadanos a escribir sobre la vida urbana contemporánea, en un máximo de 100 palabras. En este relato, García reflexiona sobre su aporte al mundo cultural, sus pasiones, su familia, sus momentos felices y cotidianos.

“La escritura para mí es felicidad. Ver cómo van apareciendo las ideas, las atmósferas, cómo se van desarrollando los personajes. Es un proceso alquímico”.

Podría hacer una lista de cosas que me hacen feliz. La sonrisa de mi hijo. Viajar. El sabor de ciertas comidas. Un vermut al atardecer. Escribir. Leer. Bailar al ritmo de una canción que me gusta. Supongo que la felicidad se compone de momentos así. Supongo también que encuentro muchos de esos momentos en las experiencias artísticas. Por eso quizás es que mi trabajo siempre ha tenido como objetivo abrir nuevos espacios de expresión creativa. He canalizado ese objetivo a través de Fundación Plagio, organización que realiza proyectos para que todas las personas descubran su propia creatividad. Un ejemplo es el emblemático concurso de cuentos Santiago en 100 Palabras, que ha convocado más de un millón de cuentos originales en sus 20 años de historia. Es muy lindo ver de qué manera la gente se conecta consigo misma escribiendo. Creo que la creatividad ha sido entendida como algo exclusivo, de una elite, y pienso que es fundamental democratizarla. La creación nos vuelve personas más íntegras.

La escritura para mí es felicidad. Ver cómo van apareciendo las ideas, las atmósferas, cómo se van desarrollando los personajes. Es un proceso alquímico. Durante esos momentos, siento que me conecto con algo superior. Algo que me trasciende.  Siempre he escrito. Poesía primero, novela, y ahora también cuentos. Hace unos meses saqué mi primer libro de cuentos. Se llama María y el Fuego: son 10 relatos protagonizados por mujeres. Todas ellas se enfrentan a escenarios extremos en los que se revelan sus miedos más profundos. Son cuentos fantásticos, aunque en cada una de las protagonistas hay una parte de mí.

“La creatividad ha sido entendida como algo exclusivo, de una elite, y pienso que es fundamental democratizarla”.

Hace poco más de un año, cuando el Covid-19 llevaba unos meses en nuestras vidas y todo lo que nos rodeaba era incertidumbre, fui madre. En un tiempo donde la muerte nos amenazaba a todos, se impuso la vida. Entonces llegué con un bebé a mi casa, en una estricta cuarentena. Éramos sólo los tres: mi marido, el bebé y yo. Mientras afuera el mundo se derrumbaba, nosotros recibíamos a un nuevo ser en este mundo. Lo veíamos crecer, sonreír por primera vez, balbucear sus primeras palabras. El tiempo pasaba de otra forma entonces. Gracias a mi hijo aprendí a descubrir la pulsión que existe en lo cotidiano. El valor de las pequeñas cosas.

“Gracias a mi hijo aprendí a descubrir la pulsión que existe en lo cotidiano”.

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