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Christian Bordón, director del Centro de Entrenamiento PeerCoach: “Una vez que me puse de pie, mi siguiente desafío fue correr”

Un accidente lo dejó en sillas de ruedas, pero eso no lo limitó. Gracias a las herramientas que le entrega su profesión, logró poder resignificar lo que le estaba pasando y salir adelante. Para él lo bueno de vivir es darse cuenta de que estás vivo y hacer del cambio una realidad.

Una mañana de 2013, cuando tenía 31 años, salí a correr y tuve un accidente: caí al suelo y tuve un TEC cerrado durante tres días. Cuando desperté, los doctores me dieron la noticia de que volver a correr era imposible y que, incluso, caminar sería difícil.

Como soy sicólogo de profesión, tenía todas las herramientas para enfrentar lo que sería este gran golpe. Me di cuenta de que mi cabeza se sentía bien, pero mi cuerpo no reaccionaba. Entonces, recordé la programación neurolingüística (PNL), que es una técnica que construye realidades a través del lenguaje y cómo al “resetear la mente” se obtienen resultados distintos. Así fue como entré a estudiar más en profundidad sobre esta herramienta y convertirme en coach. Mi examen de titulación fue lograr ponerme de pie y volver a caminar, creo que en ese momento fui uno de los pocos en silla de ruedas en poder lograrlo.

Resignifiqué el dolor, cansancio, el sentir, incluso, si la medicina me decía que era difícil yo lo intentaba igual.  

Una vez que me puse de pie, mi siguiente desafío fue correr. Me demoré un año en poder lograrlo y en verdad, este impacto que tuve en mi vida cambió todo lo que conocía en 180° y también mi forma de ser. Antes era una buena persona, buen hijo y buena pareja, lo que está muy bien, pero iba pasando por la vida muy pasivamente. Luego que tuve el accidente me empoderé de mi propia vida y resignifiqué todo lo que pasaba.

Durante las más de 750 sesiones de kinesiología que tuve para lograrlo volver a caminar y correr, me acercó a doctores, enfermeros y también a los pacientes que me topaba día a día. Ahí vi un espacio donde emprender y generar mi propio negocio de coaching: PeerCoach, donde comencé atendiendo a las mismas personas que hacían sesiones conmigo.

Ya han pasado años y tengo esta experiencia, entonces me doy mis espacios de reconocimiento: reconozco que estoy vivo, que he hecho las cosas bien y me preparo un picoteo rico. Antes, era el deber, ahora no. Más encima ahora que se sumó la pandemia, he puesto límites y no transo ciertas cosas, como el tiempo con mis hijos o relacionarme con gente que se limita por limitarse, porque “las cosas se han hecho siempre así”. Eso me genera anticuerpos y antes podía llegar a entenderlo justamente por mi profesión de sicólogo, hoy no.

Al final, para mí lo bueno de vivir es darte cuenta de que estás vivo y llevar a que otros también se den cuenta de lo mismo. Algo que justamente me entrega mi trabajo: mi vocación es hacer del cambio una realidad.

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